Todavía tengo atravesada la noche de Seattle pero ya me imagino sentado este domingo con mi jersey de Gonzalez, este domingo es ya el más esperado aquí en Madrid, así esté en SOLO versión estaré con los Patriots!.
No fue sólo perder 13-10. Fue volver a ver a los Seahawks delante, volver a recordar el Super Bowl y sentir esa impotencia de saber que los Patriots estuvieron vivos hasta el final, pero que otra vez los errores terminaron pesando demasiado. Tres intercepciones de Drake Maye no se borran con facilidad, especialmente cuando te quedas despierto en Madrid hasta la madrugada, café en mano, pensando que esta vez sí iba a llegar la revancha.
Pero la NFL no espera a nadie. Te golpea un domingo, te obliga a masticar la rabia durante unos días y, cuando apenas estás terminando de procesarlo, ya tienes otro rival delante. Esta vez son los Pittsburgh Steelers. Y para un fan de los Patriots, escuchar “Steelers” siempre significa algo.
Significa historia. Significa partidos grandes. Significa esa sensación de que, aunque no sea enero, el duelo tiene sabor a AFC de verdad.
Porque uno creció viendo a Brady contra Roethlisberger, a Belichick preparando trampas defensivas, a Pittsburgh llegando con esa camiseta negra y dorada que parece pesar más que cualquier otra. Son de esos equipos que no necesitan presentación. Los ves en el otro lado del campo y sabes que vas a sufrir. Que habrá golpes, presión, terceras oportunidades largas y algún momento en el que querrás cambiar de canal… pero no lo harás.
Nunca lo hacemos.
El partido que necesito ver
Este domingo 20, los Steelers visitan Gillette Stadium en el primer partido en casa de los Patriots. Desde España se podrá vivir a una hora casi decente, alrededor de las 19:00, después de aquella locura nocturna en Seattle.
Y quizá por eso el ambiente se siente diferente. Ya no será una madrugada silenciosa y solitaria. Será una tarde para poner la camiseta, preparar algo de comer, abrir las redes y vivir cada posesión con esa mezcla absurda de optimismo y paranoia que sólo entiende quien es fan de este equipo.
Pittsburgh llega con marca de 1-0. New England, en cambio, necesita reaccionar después del tropiezo inaugural. No quiero escuchar que es “demasiado pronto”. Claro que es pronto. Pero también es el tipo de partido que te dice qué clase de equipo tienes delante.
¿Son los Patriots capaces de recibir un golpe y responder? ¿Puede Drake Maye jugar con la serenidad de un quarterback franquicia después de una noche tan complicada? ¿Puede la línea ofensiva darle dos segundos más para lanzar sin tener que escapar de media defensa?
Ahí está todo.
Drake Maye, no cargues solo
A Maye no hay que dejarlo solo. Sí, fue su partido. Sí, las tres intercepciones duelen. Y sí, cuando eres quarterback de los Patriots sabes que cada pase malo se va a repetir mil veces en televisión y en redes. Pero también hay que mirar el contexto.
Seattle es una de esas defensas que te muerden desde el primer snap. Si a eso sumas presión, decisiones aceleradas y una ofensiva todavía buscando ritmo, la noche se puede convertir en un laberinto.
Ahora el reto no es pedirle que sea Tom Brady. Eso sería injusto y absurdo. Brady no apareció siendo Brady. El reto es que Maye sea Drake Maye: que lea mejor, que cuide el balón, que se apoye en los pases simples y que entienda que no todas las jugadas tienen que acabar en un milagro.
El problema es que, para este partido, no estará A.J. Brown. Su lesión de tobillo lo llevó a la lista de lesionados y se perderá al menos cuatro encuentros. Y eso cambia el panorama.
Cuando tienes a un receptor de ese calibre, sabes que en tercera oportunidad puedes mirar hacia su lado y confiar. Sin él, los Patriots tendrán que repartir responsabilidades. Mack Hollins dio señales ante Seattle, con cuatro recepciones y 51 yardas, y seguramente tendrá más protagonismo. Pero esto no va de encontrar “al nuevo A.J. Brown”; va de que todos den un paso: receptores, tight ends, corredores y, sobre todo, una línea ofensiva que necesita cuidar a su quarterback.
Los Steelers siempre te hacen sufrir
Pittsburgh no viene a Foxborough a colaborar con una recuperación emocional. Los Steelers llegan con 1-0 y con esa personalidad de equipo que disfruta los partidos feos: defensas agresivas, presión, contacto y la convicción de que pueden ganarte en el último cuarto.
No importa que los Patriots aparezcan como favoritos por alrededor de cinco puntos. Eso queda muy bien en una previa, pero los que hemos visto suficiente NFL sabemos que los partidos no se ganan con una cuota ni con el recuerdo de las grandes dinastías.
Se ganan protegiendo el balón.
Se ganan corriendo cuando toca correr.
Se ganan evitando que el quarterback juegue con prisa.
Y se ganan haciendo que Gillette Stadium vuelva a sentirse como una casa incómoda para cualquiera que llegue de visita.
Desde Madrid, con la camiseta puesta
Este domingo no estaré en Foxborough. Estaré en Madrid, como tantos otros aficionados que viven esta pasión a miles de kilómetros, pero que sienten el partido como si el ruido del estadio entrara por la ventana.
La NFL desde España tiene esa magia: nos obliga a hacer cálculos de horarios, a buscar dónde ver el partido, a defender una pasión que a veces otros no comprenden. Pero cuando juegan los Patriots, todo encaja. Da igual que hayas tenido una semana complicada. Da igual que Seattle te haya dejado de mal humor. Da igual que el rival sea Pittsburgh y que sepas que no regalará nada.
La camiseta estará lista. La ilusión, aunque golpeada, también.
Porque ser de los Patriots no consiste en pensar que siempre vas a ganar. Consiste en volver a creer cuando más cuesta. Y después de Seattle, después de esas tres intercepciones y después de otra derrota ante los Seahawks, este domingo necesito ver una respuesta.
No una respuesta perfecta.
Una respuesta de Patriots.






