El campeón de Europa derrotó 2-1 al Aston Villa en Salzburgo y conquistó la Supercopa de la UEFA. El equipo de Luis Enrique, con apenas dos semanas largas de preparación, envió una primera señal de vigencia antes de defender la Ligue 1 y la Champions League.
El Paris Saint-Germain no necesitó una pretemporada extensa para recordar quién es. Con pocos días de trabajo colectivo desde el regreso a los entrenamientos, el campeón de Europa derrotó 2-1 al Aston Villa en Salzburgo y levantó la Supercopa de la UEFA, el primer trofeo de una temporada que arranca con la obligación —y también la ambición— de sostener su dominio en Francia y en el continente.
No fue solamente una final ganada. Fue una declaración de continuidad. El PSG volvió al campo con rodaje limitado, todavía en el proceso de recuperar automatismos y ritmo competitivo, pero fue capaz de imponerse a un rival inglés construido para castigar cualquier desconexión. El extremo izquierdo top 5 del mundo Khvicha Kvaratskhelia abrió el marcador para el conjunto parisino y Aston Villa respondió antes del descanso a través del joven Brian Madjo; aun así, el cuadro francés encontró la manera de cerrar el partido y conservar la copa.
La Supercopa representa, además, el decimotercer título del PSG desde la llegada de Luis Enrique al banquillo en 2023. Una cifra que explica la dimensión de un proyecto que ya no vive de un golpe de efecto ni de una noche europea: ha convertido la costumbre de competir por todo en su principal rasgo de identidad.
Un título que marca el tono
El valor de la victoria excede el trofeo. El PSG regresó a los entrenamientos el 27 de julio, con un calendario comprimido y tras una temporada de máxima exigencia. Incluso sufrió un 3-0 ante Mallorca y empató 1-1 con Manchester United en sus amistosos previos, resultados que hacían lógico pensar en un equipo todavía en construcción física. Pero la final mostró otra cosa: la estructura competitiva de Luis Enrique permanece incluso cuando el equipo aún no está en su techo.
Esa es, quizá, la mayor noticia para París. El vigente campeón de la Champions no inicia el curso desde la nostalgia de lo conseguido, sino desde la capacidad de volver a responder en una cita oficial. La Supercopa no garantiza nada para los próximos meses, pero sí dibuja una certeza: el PSG conserva el hambre y el mecanismo para volver a jugar partidos decisivos.
Luis Enrique ha conseguido que el equipo no dependa de una única figura ni de un contexto ideal para imponerse. El PSG puede tener menos entrenamientos, futbolistas aún ajustando cargas y una plantilla que sigue entrando en dinámica, pero mantiene una idea reconocible: presión, circulación agresiva, amplitud y una voluntad permanente de atacar el partido.
Lo que viene para París
La celebración será breve. El PSG afrontará el próximo 16 de agosto el Trophée des Champions ante Lens, otra oportunidad inmediata para ampliar su cosecha de preseas y adornos a la vitrina, antes de iniciar la defensa de la Ligue 1 el 23 de agosto frente al Rennes en el Parque de los Príncipes. Cinco días después visitará al Lille, en una primera prueba doméstica de mayor exigencia.
En la liga francesa, el reto es conservar la hegemonía. El PSG llega como cinco veces campeón consecutivo de la Ligue 1 y como el principal candidato a volver a dominar el torneo. Sin embargo, el contexto cambia cuando un equipo se presenta como campeón de Europa: cada rival entiende sus partidos ante París como una oportunidad para medir fuerzas contra la referencia del continente, pero el estudiarle a profundidad le obliga a Luis Enrique a la complejidad de sus planteamientos para maximizar su estrategia constantemente.
Y en la Champions League, la condición también es distinta. Ya no se trata de perseguir el título que durante años se le negó al club, sino de defenderlo. El PSG viene de conquistar su segunda Liga de Campeones consecutiva, tras un recorrido que incluyó eliminatorias ante Chelsea, Liverpool y Bayern Múnich antes de superar al Arsenal en la final. La próxima campaña tendrá el peso añadido de demostrar que aquella conquista no fue el final de una historia, sino el inicio de una era.
La temporada apenas comienza, pero el PSG ya levantó una copa. En Salzburgo no jugó su mejor versión posible; jugó, en cambio, una versión suficientemente competitiva para ganar. Para Luis Enrique, y para un grupo que quiere prolongar su reinado, ese matiz puede ser el primer aviso serio del curso, el PSG hoy eclipsa al fútbol mundial.
Imagen por. EUROPA Press




