Hay domingos en los que uno pone el partido, mira la pantalla, come algo y sigue la NFL.
Y luego están los domingos como el de ayer que aquí les cuento lo bien que se sintió ser un Patriots Fan en Madrid.
Porque lo de Patriots-Steelers no fue simplemente sentarse a ver fútbol americano desde Madrid. Fue montar nuestro pequeño Gillette Stadium a casi 30 grados de calor, reunir a los amigos, preparar una Tailgate Party como mandan los cánones —aunque el menú tuviera más sushi que hamburguesas—, sacar las camisetas y creer, durante tres horas, que Foxborough quedaba a la vuelta de la esquina.
Después de Seattle, hacía falta una tarde así.
Hacía falta ganar. Pero, sobre todo, hacía falta recuperar esa sensación tan Patriots: la de ver una defensa dominando, golpeando, cerrando espacios y recordándole a todos que en New England todavía se puede ganar desde la dureza, la disciplina y esa mala leche competitiva que tanto se echa de menos cuando no aparece.
Y vaya si apareció.
Los Patriots derrotaron 20-3 a los Pittsburgh Steelers para colocarse 1-1. No fue una victoria cualquiera: fue el triunfo número 600 de la franquicia, la primera entre los equipos originales de la AFL que alcanza esa cifra. También fue el touchdown número 600 de los Patriots en temporada regular en Gillette Stadium. Son de esos detalles que hacen que una tarde de fútbol americano tenga todavía más sabor a historia.

El rugido de nuestra terraza
En Madrid no había nieve, no había viento de Massachusetts ni un solo grito real desde las gradas de Foxborough. Había calor, amigos, conversación cruzada, bandejas de sushi desapareciendo demasiado rápido con mis amigos emocionados y más japoneses que nunca jejeje!!! y esa tensión que sólo entiende quien mira un partido de los Patriots con gente que siente cada jugada igual que tú.
Al principio, como siempre, uno intenta parecer tranquilo.
“Es pronto.”
“Hay que cuidar el balón.”
“Pittsburgh es Pittsburgh.”
“Se viene el Blitz!!!”
Pero entonces TreVeyon Henderson encontró el hueco, aceleró y se escapó para una carrera de touchdown de 39 yardas. Y se acabó la calma. El salón, la terraza, las pantallas y hasta los palillos de sushi dejaron de importar por un segundo: los Patriots estaban arriba, y Henderson estaba anunciando que había vuelto para cambiar el ritmo del ataque.
En su debut de temporada, Henderson terminó con 16 acarreos, 76 yardas y ese touchdown que nos levantó a todos. Fue una de esas carreras que no se explican: se gritan.
La defensa que queríamos volver a ver
Pero si Henderson encendió la tarde, la defensa fue la que la convirtió en una celebración.
Porque lo de New England contra Pittsburgh fue serio. Muy serio.
Aaron Rodgers terminó con 23 pases completos en 39 intentos, 187 yardas, sin touchdowns y con una intercepción. Los Patriots lo capturaron cuatro veces y parecía que deseaban partirlo en pedazos, forzaron dos pérdidas y dejaron a los Steelers en apenas 2 conversiones de 12 intentos en tercera oportunidad.
Eso no es solamente una buena actuación. Eso es asfixiar a un rival.
Hubo una jugada que cambió por completo el ambiente. Christian Barmore llegó con todo, golpeó a Rodgers, provocó el balón suelto y Elijah Ponder estuvo donde tenía que estar: recogió el fumble y corrió 19 yardas hasta la zona de anotación. Scoop-and-score. Veinte a tres. Partido prácticamente liquidado.
Es que se me revivió todo aquello de Tedy Bruschi en la final de la AFC cuando se atrevió y dejó a Ben Roethlisberger totalmente perdido, con aquella intersección impresionante, no la recuerdan!?!?, ahí luego la magia llegó cuando el mismo Bruschi devolvió el balón hasta la yarda 1 preparando así un touchdown para los Patriots en victoria 41-27 a los Steelers de aquellos días y ahí estuvimos casi presentes, que recuerdo, y ni hablar de las históricas y épicas intersecciones de Ty Law, no se olvidarán jamás.
En Madrid lo vivimos como si estuviéramos debajo del videomarcador de Gillette. Hubo gritos, abrazos, alguno que casi tira la bandeja de sushi y esa frase inevitable que aparece cuando los Patriots recuperan su identidad:
“Así se gana!!!.”
Ponder no sólo firmó el touchdown defensivo: registró tres tackles para pérdida, dos golpes al quarterback y ese retorno que será difícil olvidar. Y Barmore, por su parte, volvió a poner sobre la mesa algo fundamental: cuando él domina por dentro, toda la defensa respira diferente.
Maye no tuvo que ser un héroe
Después de lo ocurrido en Seattle, todos mirábamos a Drake Maye. Era normal. Venía de una noche difícil y había ganas de verlo recuperar confianza, tomar mejores decisiones y no sentir que debía ganar el partido él solo, además calma que Mayo no es Brady, así que hoy necesitamos TEAMWORK más que un héroe de mariscal de campo.
Maye terminó 14 de 22, con 208 yardas y una intercepción. No fue una actuación perfecta, ni hacía falta que lo fuera. Esta vez no tuvo que salvarnos en cada jugada. Esta vez tuvo una defensa que le dio aire, un corredor que encendió el ataque y una estructura que le permitió gestionar el partido.
También apareció Romeo Doubs, con tres recepciones y 96 yardas, incluyendo una conexión de 63 yardas que confirmó que el ataque tiene capacidad para generar jugadas grandes. Y Hunter Henry alcanzó las 3.000 yardas recibidas en su etapa con New England gracias a una recepción de 29 yardas, otro pequeño detalle de una tarde cargada de momentos.
Sí, queda mucho por mejorar. La ofensiva aún no está en ese punto en el que transmite tranquilidad absoluta tal vez Eduardo “Lalo” Tolosa lo dijo en nuestro grupo de Meeting Deportivo, pero está llegando, y la lesión de Mike Onwenu, que salió con un aparente problema de tobillo, deja una preocupación importante para una línea ofensiva que no puede permitirse perder más piezas.
Pero ayer no tocaba buscar problemas debajo de cada piedra. Ayer tocaba disfrutar y comer mucho Sushi.
Más que una victoria
Lo mejor de la tarde no fue únicamente el 20-3. Fue comprobar que los Patriots pueden tener una identidad como la de otra era en la que alguien hacía la tarea en cualquier domingo. Tal vez no serán el equipo más vistoso cada semana. Tal vez habrá días en los que toque ganar feo, sufrir, correr y defender durante sesenta minutos.
Pero si Mike Vrabel consigue que este grupo juegue con esa energía, con esa intensidad y con esa capacidad para atacar el balón, habrá partido para cualquiera. La defensa mostró que puede ser el alma de este equipo.
Y desde Madrid, entre sushi, amigos, calor de septiembre y camisetas azul marino, lo sentimos de verdad.
La derrota ante Seattle quedó un poco más lejos. No desaparece, porque los aficionados no olvidamos tan rápido. Pero ayer, por unas horas, volvimos a sentir esa seguridad que tantas veces acompañó a los Patriots: la sensación de que, si el rival quiere ganar, primero tendrá que sobrevivir a nuestra defensa.
Ahora vienen dos viajes que medirán de verdad la consistencia de este equipo: Jacksonville el 27 de septiembre y Buffalo el 4 de octubre. El calendario no regala nada. Pero después de lo visto ante Pittsburgh, uno vuelve a mirar la semana con otra cara y más cuando es tan temprano en Madrid para no tener que madrugar y así disfrutar.
Porque ayer, en Madrid, no sólo ganaron los Patriots.
Ayer ganamos nosotros en Madrid!!! Y se viene otra historia esta nueva semana…




