El portugués cierra una etapa que marcó a varias generaciones llevándose muchas cosas. Su adiós deja reconocimiento, nostalgia y un debate que no alcanza a eclipsar su historia.
Hay despedidas que cambian algo más que una alineación. Cristiano Ronaldo anunció su retirada de Portugal después de 23 años, cerrando una relación que convirtió al número siete en uno de los grandes símbolos de la selección. Se marcha el goleador, pero también el rostro de una época en la que el país elevó sus aspiraciones y conquistó la Eurocopa de 2016.
«Llegó el día de devolver la camiseta siete a la selección de todos nosotros», expresó en el mensaje publicado en sus redes sociales. No fue una despedida sencilla: el propio delantero reconoció el peso emocional de una decisión que puso fin a más de dos décadas como internacional de lo que se llevó muy buenos recuerdos así como nos los ha dejado a todos.
Sus 234 partidos y 146 goles permiten dimensionar su recorrido, aunque las cifras solo cuentan una parte. Su historia con Portugal también se explica por lo que despertaba cada vez que salía al campo: expectativas, confianza y la sensación de que cualquier partido podía tener un momento suyo. Desde nuestra mirada, ahí está la verdadera magnitud de esta despedida: el fútbol de selecciones pierde a un supercrack, de esos cuya presencia forma parte del espectáculo antes de que empiece a rodar el balón.
Una despedida con gratitud y matices
Ese reconocimiento apareció en los mensajes de quienes compartieron su camino. Diogo Dalot destacó la referencia que dejó para las siguientes generaciones; Manchester United celebró su trayectoria internacional y Pepe lo resumió con una frase recogida por Reuters: «Fue más que fútbol. Gracias por todo, Cris».
La emoción no elimina las preguntas sobre sus últimos años, pero sí ayuda a ponerlas en perspectiva. ESPN considera que prolongó demasiado su etapa y que le costó aceptar un papel diferente. CNN también cuestiona el momento de la retirada, aunque lamenta que una carrera extraordinaria terminara marcada por las diferencias con el seleccionador Jorge Jesus. Las críticas se concentran en el desenlace, no en borrar lo que construyó antes.
Ambas miradas pueden convivir: reconocer el desgaste del último tramo no obliga a reducir una trayectoria a sus momentos más difíciles. En esta despedida, el balance completo merece más espacio que la última discusión.
Cristiano eligió marcharse «con la cabeza en alto» y con la conciencia de haberlo dado todo por Portugal. La federación respondió con agradecimiento y expresó su intención de organizar un homenaje.
Para nosotros, esa es la imagen que merece quedar: la de un futbolista que hizo de su selección una parte esencial de su identidad. El debate acompañará su salida; el lugar que ocupa en la memoria del fútbol portugués va mucho más allá de él.
Imagen por: AP





