Italia no ganó en Saint-Denis, pero salió del Stade de France con algo que durante demasiado tiempo pareció extraviado: la sensación de ser una selección capaz de resistir, responder y discutirle un partido a cualquiera. El 1-1 contra Francia no es solo un punto en la Nations League; es una prueba de carácter y declaración de intenciones para una Azzurra que atraviesa una nueva etapa, con trabajo, correcciones y una identidad que empieza a asomar otra vez.
El equipo de Roberto Mancini se presentó ante una Francia poderosa, con nombres, velocidad y el impulso de jugar en casa. Por momentos sufrió. Tuvo que correr hacia atrás, cerrar espacios y sostenerse en las manos de Gianluigi Donnarumma. Pero Italia no se escondió ni renunció al partido. En sus mejores pasajes buscó salir con orden, presionó cuando encontró la ocasión y entendió que, para recuperar respeto, primero debía recuperar el orgullo competitivo.
Una Azzurra que vuelve a reconocerse
La nueva Italia no pretende vivir únicamente de la nostalgia de su historia. Necesita construir un camino propio, con futbolistas que asuman responsabilidades y un bloque que recupere los valores tradicionales de la camiseta: concentración, sacrificio defensivo, lectura del partido y valentía cuando la noche exige respuesta.
Francia golpeó primero con una gran ejecución del referente de ataque y llegada Michael Olise a los 55 minutos. Fue una acción de calidad, de esas que pueden romper un partido y abrir la puerta a una derrota pesada en París. Pero la Azzurra no se desordenó. Lejos de bajar los brazos, mantuvo la serenidad y siguió buscando el momento para castigar una salida rival.
Ese momento llegó a los 68 minutos. Alessandro Bastoni anticipó un error en la defensa francesa, robó el balón y atacó el área con determinación. El central no dudó: avanzó, quedó frente a Mike Maignan y definió para el 1-1. Un gol de defensor con alma de delantero, pero también el reflejo de una selección que entendió que el empate no se pedía: se peleaba.
Donnarumma y Bastoni, símbolos de la respuesta
Donnarumma fue decisivo durante toda la noche. Francia apretó, encontró remates y buscó desnivelar con su talento ofensivo, pero el arquero italiano respondió con intervenciones de máxima exigencia. Su actuación sostuvo al equipo en los momentos más delicados y confirmó que Italia tiene un líder bajo palos para esta reconstrucción.
Bastoni, por su parte, representó la otra cara de la reacción. No solo marcó el gol de la igualdad: apareció con personalidad en un escenario grande, justo cuando Italia necesitaba una señal de rebeldía. Su tanto cambió el ánimo del partido y devolvió a la Azzurra una confianza que se percibió en cada disputa del tramo final.
El empate no resuelve todo. Italia todavía tiene aspectos por ajustar, especialmente cuando el rival toma el control y obliga a defender durante largos pasajes. Pero en Francia dejó una imagen que vale más que una estadística: la de un equipo que empieza a reencontrarse con su fútbol de siempre, ese que no se rinde, que compite con inteligencia y que sabe sobrevivir cuando el partido se vuelve adverso.
En Saint-Denis, la Azzurra no celebró una victoria. Celebró, en cambio, una respuesta. Y en una etapa de reconstrucción, recuperar el honor de competir puede ser el primer paso para volver a ganar.






