El capitán cerró su etapa con la selección con un gol y dos asistencias ante Benín. Más allá del 3-0, el Monumental fue escenario de una despedida que obliga a mirar el futuro de otra manera.
El marcador dijo Argentina 3, Benín 0. Pero esa noche se jugó otro partido: el de una multitud intentando celebrar, llorar y recordar a Lionel Messi mientras aceptaba que no volvería a verlo con la camiseta albiceleste.
El efecto que una una vez elevó al olimpo del fútbol toda una nación con Diego Armando Maradona, ese que nos hizo enamorar, vibrar, llorar de emociones y tristezas, para muchos quedó en deuda ese periplo, ahí va lo dicho por el mismo jugador que hoy parece haber cumplido su precepto…”La pelota no se mancha!”. Así ha sido, Lionel Messi da su salida de la selección Argentina reivindicando todo y devolviendo al olimpo a su país Argentina con la suerte de pocos, traer al mundo dioses del fútbol durante nuestros días.
El 6 de octubre, en el Monumental, el capitán cerró su historia con la selección como tantas veces la había escrito: siendo decisivo. Asistió a Nicolás Otamendi, también protagonista de su propia despedida, habilitó a Nico Paz y convirtió de penal. Antes del abrazo final, dejó una última demostración de que su fútbol todavía tenía cosas para decir.
No fue su retiro definitivo del fútbol profesional. Fue el cierre de su etapa con Argentina. Y esa diferencia no le resta emoción: termina una relación que acompañó durante más de dos décadas la vida de millones de aficionados.

Una despedida con significado
Los goles ofrecieron una imagen casi perfecta del cambio de época. Otamendi representó la experiencia; Nico Paz, el camino que empieza a abrirse; Messi, el punto de encuentro entre ambos y la entrega del testigo a las nuevas generaciones.
Sería exagerado presentar aquella asistencia al joven mediocampista como la entrega de una corona. El fútbol no funciona así. Pero sí dejó una idea: el futuro argentino tendrá que recibir lo aprendido sin cargar con la obligación imposible de fabricar otro Messi, este país ya sabe cómo iniciar de nuevo estas historias.
Entre homenajes, música y ovaciones, el resultado terminó ocupando un lugar secundario. Lo importante no era cuánto ganaba Argentina, sino cuánto tiempo quedaba para seguir mirando al diez nuevamente y por última vez jugando en una cancha de fútbol.
Una ausencia que cruza fronteras
Para Argentina, el impacto será deportivo y emocional. Ya no estará el futbolista al que se buscaba cuando faltaban ideas, cuando el partido se cerraba o cuando una sola jugada podía cambiarlo todo.
Para Europa, la despedida también remueve una memoria compartida. Su trayectoria en el Barcelona FC convirtió su nombre en una medida de grandeza. Durante años, cada nuevo talento fue comparado con él, como si lo extraordinario pudiera reproducirse por encargo.
En hispanoamerica, su historia permite una lectura diferente: la del ídolo que no llegó a la felicidad por un camino recto. Hubo frustraciones, críticas y derrotas antes de las grandes conquistas. Por eso su legado no habla únicamente de talento; también habla de resistencia.
Y para quienes lo siguieron desde otros rincones del mundo, queda una sensación reconocible: una parte de su propia vida como aficionados empieza a convertirse en recuerdo de un semi Dios como lo representó en la India.
El reto de seguir
El fútbol no se acaba con esta despedida. Tampoco Argentina se queda sin futuro. Llegarán nuevas figuras, otras sociedades y distintas maneras de ganar.
Lo que termina es una certeza: saber que Messi podía aparecer y encontrar una respuesta donde los demás solo veían dificultades.
Ese será el verdadero antes y después. No la desaparición del talento, sino el final de una costumbre que parecía eterna.
El Monumental lo despidió con una victoria. El tiempo irá mostrando la dimensión de su ausencia. Porque algunos jugadores dejan estadísticas; otros cambian nuestra manera de mirar un partido.
Messi deja ambas cosas. Y una pregunta que acompañará a Argentina durante mucho tiempo: ¿a quién buscamos ahora cuando necesitamos creer?
Imágenes por GOAL.com / OLE






