El diario de un fanático de los Patriots en Madrid
He vuelto a mirar el 45-17 unas cuantas veces esta semana.
No porque el marcador vaya a cambiar, sino porque hay victorias que uno necesita saborear despacio. Después de Buffalo pedimos continuidad. Después de los Raiders, por fin pudimos celebrar dos domingos seguidos.
Y claro, pasa lo inevitable: empiezas a mirar el próximo partido con otros ojos.
Ya no enciendes la televisión buscando únicamente señales de mejoría. Ahora quieres ganar otra vez. Quieres comprobar si esa ofensiva que te levantó del sofá puede repetirlo. Quieres que la ilusión deje de ser una visita de fin de semana y se quede un poco más.
Entonces lees el nombre del siguiente rival.
New York Jets.
Y debajo aparece un número que te obliga a acomodarte en la silla: ocho sacks en su último partido.
Se me ha bajado un poco la sonrisa.
No las ganas.
Una rivalidad no entiende de resacas felices
Este domingo 18 de octubre, los Patriots reciben a los Jets en Gillette Stadium. Nosotros llegamos 3-2; ellos, 2-3. El kickoff será a las 19:00 en hora de Madrid.
Otra tarde para preparar la camiseta, organizar la comida y prometer que esta vez no vamos a discutir con la pantalla.
Pero no es un domingo cualquiera. Es un rival de división y una prueba muy distinta a la de la semana pasada.
New York llega con la cuarta defensa de la NFL en yardas permitidas y la segunda en yardas concedidas por jugada. Además, ha dejado a tres de sus primeros cinco rivales por debajo de las 200 yardas totales, algo que ningún equipo conseguía en ese tramo inicial desde los Buccaneers de 1999.
No son números para quitarle mérito a nuestra ilusión. Son números para entender lo que cuesta mantenerla.
Porque una cosa es pedir otro gran partido de Drake Maye. Otra es mirar quién va a intentar impedírselo.
Bailey, ocho sacks y una advertencia para nuestra línea
El nombre que voy a tener muy presente es David Bailey.
El novato, elegido con el número dos del draft, viene de conseguir tres sacks contra Cleveland. Fue reconocido como Jugador Defensivo de la Semana de la AFC y se convirtió en apenas el tercer jugador desde 2003 que logra un partido de tres sacks dentro de sus primeras cinco apariciones en la NFL, junto con Aidan Hutchinson y Elvis Dumervil.
Los ocho sacks fueron del equipo. Bailey puso tres CUIDADO A PROTEGER A MAYE A TODA COSTA!!!. La diferencia importa, pero ninguna de las dos cifras me tranquiliza.
Y no llega solo: Will McDonald IV y Kingsley Enagbare también están generando presión. Bailey acumula 20 presiones al quarterback; McDonald y Enagbare, 12 cada uno, según el análisis de la previa de los Patriots.
Aquí empieza mi pequeño punto de presión del domingo.
No quiero volver a ver una ofensiva que pierde el ritmo antes de que los receptores puedan completar sus rutas. No quiero que cada tercer down se convierta en una cuenta atrás hacia el golpe.
Quiero que Maye tenga tiempo para decidir y se lo debemos a la 1era línea ofensiva POR FAVOR!!!.
Y, cuando no lo tenga, que la respuesta ya esté preparada.
La secundaria: el peligro también espera detrás
Porque fijarse sólo en los hombres que persiguen al quarterback sería quedarse con la mitad del problema.
Detrás aparece Minkah Fitzpatrick, un safety al que no quiero ver celebrando con nuestro balón entre las manos. También está Jarvis Brownlee Jr., utilizado por los Jets para presionar desde el puesto de cornerback interior.
Lo inquietante es cómo combinan ambas cosas.
La defensa de Aaron Glenn puede enseñar una presión antes del snap y cambiar el dibujo después. Puede mandar un defensive back a por el quarterback mientras otro defensor retrocede para ocupar el espacio que parecía libre. Puede invitarte a lanzar y cerrar la ventana justo cuando creías haberla encontrado.
Desde el sofá parece sencillo: “¡Ahí está, pásala!”.
Desde el campo, con Bailey acercándose y Fitzpatrick leyendo tus ojos, sospecho que lo es bastante menos.
Los Jets tienen la segunda mayor frecuencia de blitz de la liga, un 52,4%, pero también han incorporado más coberturas con dos safeties profundos y variaciones para protegerse de los pases largos.
Ése es el duelo que me intriga: no sólo si Maye puede evitar la presión, sino si puede reconocer la trampa antes de que se cierre.
Drake los ha visto. Y no los está subestimando
Maye lo explicó esta semana. En traducción al español:
“Creo que son físicos. Creo que tienen tenacidad. […] Se puede ver la diferencia en el vídeo respecto al año pasado.”
También habló de nuevas caras, una nueva mentalidad y de un equipo que está comprando la idea defensiva de Glenn.
Me gusta leer eso.
Quiero a nuestro quarterback con confianza, no con amnesia. Que recuerde lo bien que jugó contra los Raiders y que entienda que el próximo rival no tiene ninguna obligación de permitirle repetirlo.
El contraste de su temporada es enorme: durante el inicio de 1-2 lanzó un touchdown y seis intercepciones; en las victorias ante Buffalo y Las Vegas sumó siete pases de touchdown y una sola intercepción.
Para mí, ahí está la pregunta de este domingo.
¿Estamos viendo una buena racha o el comienzo de una versión más estable de Drake Maye?
No necesito que lo resuelva todo en un partido. Pero sí quiero verlo responder cuando el rival le quite la primera opción. Cuando un pase no salga. Cuando una posesión termine sin puntos y toque regresar al campo sin perder la calma.
Ahí también se construye un quarterback.
Mi teoría de Maye: si vienen a por él, alguien tendrá una oportunidad
Yo tengo una teoría de aficionado, de esas que uno explica frente a la televisión como si le hubieran pedido opinión desde la banda.
Si los Jets quieren mandar tanta gente a por Drake, también tendrán que asumir riesgos detrás.
No significa que vaya a ser fácil. Significa que habrá decisiones que tomar y duelos que ganar.
El análisis de los Patriots señala que, desde el inicio de 2025, Maye está entre los quarterbacks más eficientes contra blitzes acompañados de cobertura individual. Su capacidad para lanzar a enfrentamientos uno contra uno y escapar corriendo puede castigar ese planteamiento.
Ahí vuelvo a ilusionarme.
Pienso en DeMario Douglas encontrando una separación rápida. En Kyle Williams amenazando en profundidad. En Hunter Henry ofreciendo una salida cuando la jugada se complica. Y en Chism, cuya atrapada en Buffalo sigue siendo una de las imágenes que me llevo de este arranque de temporada.
No les pido otra colección de milagros.
Les pido que estén donde Maye los necesita, cuando los necesita.
Que una recepción corta nos permita seguir avanzando. Que una ruta bien ejecutada castigue un blitz. Que no confundamos paciencia con falta de ambición.
Después de lo que vimos ante los Raiders, me cuesta no imaginarlo.
Y después de estudiar a los Jets, me cuesta darlo por hecho.
La noticia que ilusiona, sin adelantarnos al domingo
Esta semana también dejó una imagen esperanzadora: A.J. Brown volvió a entrenar por primera vez desde que entró en la reserva de lesionados por el esguince de tobillo sufrido en el estreno de temporada. Su regreso al entrenamiento no confirma que vaya a jugar este domingo.
Pero sus palabras sobre lo que han hecho sus compañeros merecen quedarse en esta previa:
“Cuando decida volver, simplemente voy a sumar.”
—A.J. Brown, en traducción al español.
Sumar.
Me gusta esa palabra para el momento que estamos viviendo.
No borrar a quienes han respondido. No esperar que un solo nombre arregle cada problema. Añadir posibilidades a una ofensiva que acaba de recordarnos cuánto puede disfrutar cuando reparte el balón.
De momento, quiero celebrar lo que ya tenemos: receptores que han aprovechado sus oportunidades y un quarterback que vuelve a encontrarlos.
Tampoco podemos pedirle todo al ataque
Mientras nosotros miramos la batalla entre Maye y la defensa de los Jets, al otro lado estará Geno Smith.
Llega sin intercepciones en sus primeros cinco partidos de la temporada y ha ganado en sus dos visitas más recientes a Foxborough, con Seattle en 2024 y con los Raiders en 2025.
Así que tampoco espero que nos regale el balón por cortesía.
Vrabel lo dejó claro esta semana:
“Si quieres provocar pérdidas, vas a tener que salir y forzarlas.”
—Mike Vrabel, en traducción al español.
Eso es lo que quiero de nuestros Patriots: que salgan a buscar el partido.
Que la defensa consiga una parada cuando el ataque necesite respirar. Que Gillette haga sentir el tercer down. Que una serie complicada no se convierta en una tarde de frustración.
Ganar el tercero seguido va a exigir algo más que conservar el entusiasmo del segundo.
Madrid, la camiseta y esa presión que también forma parte de querer ganar
El domingo volveré a sentarme delante de la pantalla.
Seguramente miraré otra vez la hora. Seguramente repasaré los nombres. Bailey. Fitzpatrick. McDonald. Y después los nuestros: Maye, Douglas, Henry, Williams, Chism III.
A un lado, las razones para preocuparme.
Al otro, las razones por las que no me perdería este partido.
Eso tiene seguir a un equipo desde Madrid: la distancia no te protege de nada. Ni de la alegría del 45-17 ni de los nervios que aparecen días después, cuando empiezas a pensar en el siguiente rival.
Aquí sabemos cómo cambia una tarde con un gol. Yo también sé cómo puede cambiarla un touchdown. Y este domingo quiero volver a levantarme del sofá, aunque sea después de una posesión larga, trabajada y bastante menos cómoda que las del partido anterior.
No pido otro 45-17.
Pido un equipo que conserve la cabeza cuando lleguen los golpes y proteja a nuestro mariscal de campo, debe estar INTOCABLE!!!. Un Drake Maye que cuide el balón sin dejar de atreverse. Unos receptores dispuestos a ganarse cada oportunidad.
Hay miedo o mejor dicho presión , sí.
Pero esta semana la confianza pesa un poco más.
Que vengan los Jets. Desde Madrid, ya estamos esperando.



