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Real Madrid: la épica no puede seguir siendo la coartada del mal fútbol

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Gerardo Cordero

La remontada ante la Roma no solo salvó el resultado: puso en discusión el once inicial. Güler, Bernardo Silva, Endrick y Carlos Espí aportaron respuestas desde el banquillo que invitan a revisar la distribución de roles y las oportunidades dentro del equipo.

El Real Madrid ganó en Roma, pero la victoria no debería esconder la discusión más importante: por qué necesitó cambiar tanto para empezar a competir mejor. Durante cerca de 70 minutos, el equipo no encontró la forma de gobernar el encuentro. Después apareció una versión distinta, con otros jugadores, otra distribución y más recursos para transformar el partido. La remontada merece reconocimiento; el planteamiento que hizo necesario ese rescate exige autocrítica.

No basta con decir que el Madrid reaccionó. Hay que mirar quiénes entraron, a quiénes sustituyeron y qué cambió con ellos.

El once inicial: potencia sin suficiente claridad

Mourinho comenzó con Courtois; Dumfries, Konaté, Rüdiger y Cucurella en defensa; Tchouaméni y Valverde en el doble pivote; Diomande, Bellingham y Vinícius por detrás de Mbappé. Arda Güler, Bernardo Silva, Endrick y Carlos Espí quedaron en el banquillo.

La elección de Tchouaméni y Valverde no es injustificable por sí misma. El problema está en pedirle a esa sociedad que resuelva todas las necesidades del centro del campo. Recuperar, cubrir espacios y sostener esfuerzos no equivale a organizar la circulación. Ante la Roma, la apuesta inicial no consiguió darle al equipo el control que necesitaba, y el Madrid terminó buscando otras respuestas durante el encuentro.

La crítica, por tanto, no debería plantearse como una disputa entre buenos y malos jugadores. Es una cuestión de funciones: si el equipo necesita elaborar, superar la presión mediante el pase y conectar con sus atacantes, debe reservar espacio para quienes pueden asumir esas tareas. No todo puede descansar en una conducción de Bellingham, una carrera de Valverde o una acción individual de los delanteros.

Los cambios que modificaron el partido

La intervención de Mourinho tuvo una secuencia concreta:

  • Minuto 59: Endrick sustituyó a Vinícius y Arda Güler entró por Dumfries. Valverde pasó al lateral derecho.
  • Minuto 70: Bernardo Silva reemplazó a Tchouaméni.
  • Minuto 78: Carlos Espí entró por Diomande y Álvaro Carreras sustituyó a Cucurella.

No fueron únicamente cambios de nombres. La entrada de Güler y el desplazamiento de Valverde alteraron la estructura; Bernardo añadió una alternativa en la circulación; Endrick y Espí ofrecieron nuevas soluciones en ataque. El desenlace llegó con los goles de Espí, Endrick y Rüdiger, apoyado en las acciones a balón parado de Güler.

Eso obliga a reconocer el acierto del entrenador, pero también a revisar su decisión inicial. Mourinho encontró respuestas en el banquillo. La pregunta es si algunas de ellas debían haber formado parte del plan desde el primer minuto.

Bernardo Silva y Güler: una asociación para construir, no solo para rescatar

Una de las propuestas que deja esta noche es dar más continuidad a Bernardo Silva y Arda Güler juntos. No como una garantía automática de buen fútbol, sino como una apuesta por un centro del campo con más opciones para conservar el balón y elaborar los ataques.

La idea sería repartir responsabilidades: que Bernardo y Güler participen en la construcción y que Bellingham pueda recibir más cerca de las zonas donde puede hacer daño. Así, el equipo no tendría que depender tanto de recorrer grandes distancias para llegar al área.

Su entrada coincidió con la transformación del Madrid, aunque conviene precisar algo: una parte decisiva de la remontada nació del balón parado. Por eso, el partido respalda que ambos merezcan más protagonismo, pero no demuestra por sí solo que su sociedad vaya a resolver todos los problemas de posesión. Esa propuesta necesita continuidad y un equilibrio defensivo bien trabajado.

Tampoco se trata de eliminar a Tchouaméni del proyecto. Se trata de dejar de considerar inamovible una combinación cuando el encuentro exige otras herramientas. La alineación debe responder al fútbol que se necesita, no solamente a los nombres que se acostumbran a utilizar.

Valverde en el lateral: recorrido con responsabilidades claras

El movimiento de Valverde al lateral derecho permite desarrollar otra alternativa. En Roma no fue una hipótesis: Mourinho lo desplazó allí después de retirar a Dumfries y dar entrada a Güler.

Desde una lectura táctica, esa ubicación puede servir para mantener su recorrido y liberar un puesto central para un jugador más orientado a la elaboración. Pero habría que definir con precisión su función.

Valverde no tendría que convertirse en un extremo permanente. La propuesta sería utilizarlo como un lateral de recorrido: partir desde la defensa, avanzar cuando la jugada lo permita y regresar para cerrar su banda. Una función próxima a la de un carrilero en sus desplazamientos, aunque con obligaciones defensivas propias de un lateral.

Subir y bajar no significa atacar sin límite. Si Güler ocupa un espacio interior por la derecha, Valverde podría ofrecer amplitud; si el equipo pierde el balón, su primera responsabilidad tendría que ser recuperar la posición y proteger ese costado.

Esta opción tampoco elimina la necesidad de un mediocentro defensivo en determinados partidos. Sacar a Valverde del doble pivote para añadir creatividad puede mejorar una parte del equipo y debilitar otra si no se organizan las coberturas. Es una alternativa que merece trabajo, no una solución que deba darse por resuelta.

Endrick y Espí: minutos para competir, no únicamente para salvar

Endrick entró en el minuto 59 y Espí en el 78. Ambos marcaron en el tramo final. Su aportación ofrece un argumento concreto para ampliar sus oportunidades: respondieron cuando el Madrid necesitaba modificar un ataque que no estaba encontrando suficientes soluciones.

Endrick merece ser considerado para la titularidad, no únicamente como una reacción ante el mal partido de otro delantero. Si existe una competencia real por los puestos, lo que aporta desde el banquillo debe tener consecuencias en las siguientes decisiones.

Con Espí, la reclamación puede ser todavía más concreta: necesita minutos que no estén condicionados exclusivamente por la urgencia. Entrar cuando el equipo está obligado a volcarse permite mostrar capacidad de remate, pero ofrece menos margen para desarrollar asociaciones y participar en un plan de ataque desde su comienzo.

Eso no obliga a afirmar que Endrick y Espí debieron ser titulares juntos. Con Mbappé y Bellingham en el equipo, incorporarlos a ambos desde el inicio exige decidir quién sale y cómo se mantiene el equilibrio. Lo defendible después de Roma es que los dos han reforzado su candidatura y que no deberían quedar reducidos al papel de soluciones de emergencia.

Vinícius: la sustitución también forma parte de la competencia

Vinícius salió para dar entrada a Endrick después de una actuación desacertada. Su pérdida estuvo en el origen del segundo gol de la Roma y, tras el partido, expresó que no había entendido el cambio, aunque reconoció que la decisión terminó funcionando.

La exigencia debe ser sencilla: su importancia no puede garantizarle la continuidad cuando el encuentro pide otra cosa. Sustituirlo no significa cuestionar todo lo que representa, sino evaluar lo que está aportando esa noche.

Al mismo tiempo, sería un error convertirlo en el único responsable. El Madrid tenía un problema colectivo de funcionamiento, no solamente un atacante lejos de su mejor versión. La respuesta debe incluir tanto la competencia en la delantera como una estructura que permita a los jugadores de ataque recibir en mejores condiciones.

La próxima decisión importa más que otro elogio a la remontada

Roma dejó algo más útil que una celebración: dejó alternativas concretas. Güler y Bernardo para dar otra orientación al juego; Valverde como posibilidad en el lateral; Endrick y Espí para ampliar la competencia ofensiva. Los cambios funcionaron y modificaron el desenlace. Ahora corresponde decidir qué parte de esa respuesta merece continuidad.

No hace falta perder para establecer un punto de inflexión. Hace falta que ganar no borre la evaluación.

La prueba para Mourinho llegará cuando tenga que elegir el siguiente once: si vuelve al mismo reparto sin corregir lo que falló, la remontada habrá servido para salvar una noche. Si transforma lo aprendido en decisiones, podrá servir para construir un equipo mejor.

Porque la épica puede ganar un partido. Lo que no puede hacer es sustituir permanentemente una idea de juego.

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