Mauricio Isla ya no era futbolista profesional. El 7 de septiembre de 2026, a los 38 años, el hombre que durante casi dos décadas ocupó la banda derecha de la Selección Chilena decidió cerrar definitivamente una carrera que comenzó mucho antes de convertirse en figura de la Generación Dorada.
No hubo un último partido de despedida, una ovación en un estadio ni una camiseta levantada por última vez. Su último encuentro había quedado atrás hacía más de nueve meses, el 28 de noviembre de 2025, cuando Colo-Colo cayó 3-0 ante Cobresal en El Salvador. Después vino el silencio, la espera y la búsqueda de una nueva oportunidad que finalmente no llegó.
Isla, sin embargo, no se fue porque no tuviera alternativas. Días después de su anuncio, Braulio Brizuela, amigo y excompañero del jugador en las inferiores de Universidad Católica, reveló que el lateral había recibido propuestas para continuar su carrera. No lo convencieron. Y allí estuvo, probablemente, una de las claves de su decisión: el “Huaso” prefirió cerrar su historia bajo sus propios términos antes que prolongarla por una última oportunidad.
Y eligió una fecha cargada de simbolismo. El 7 de septiembre de 2007, un Mauricio Isla de apenas 19 años había recibido la confianza de Marcelo Bielsa y debutado por la selección adulta frente a Suiza. Diecinueve años después, exactamente el mismo día, anunció que dejaba el fútbol. Fue como cerrar un círculo.
De Buin a la élite
La historia de Isla tuvo un elemento que hizo especialmente particular su carrera. Llegó a Europa prácticamente antes de consolidarse en el primer equipo de Universidad Católica. Su gran vitrina fue el Mundial Sub-20 de Canadá 2007. El equipo dirigido por José Sulantay terminó tercero y el joven Isla fue una de las figuras de aquella generación. Su actuación le abrió rápidamente las puertas del fútbol italiano y Udinese se convirtió en su primera estación europea.
Desde ahí comenzó un recorrido que pocos futbolistas chilenos pudieron repetir. Udinese, Juventus, Queens Park Rangers, Olympique de Marsella, Cagliari y Fenerbahçe fueron parte de su recorrido por Europa.
Después llegaron Flamengo, Universidad Católica, Independiente y finalmente Colo-Colo. En Juventus compartió camarín con Arturo Vidal y levantó títulos en Italia. En Flamengo fue campeón de Brasil y formó parte del plantel que terminó conquistando la Copa Libertadores 2022, aunque ya había dejado el club cuando llegó la definición del torneo.
Su carrera no fue lineal ni estuvo exenta de cuestionamientos. Tuvo temporadas brillantes y otras más complejas, particularmente en sus últimos años. Pero hubo algo que permaneció prácticamente intacto: su importancia histórica con la camiseta chilena.
El lateral que se convirtió en símbolo
Isla disputó 144 partidos con La Roja, según el registro consignado al momento de su despedida, y participó en seis ediciones de la Copa América, dos Mundiales y una Copa Confederaciones.
Pero los números explicaban solo una parte de su legado. El “Huaso” fue titular en Sudáfrica 2010 y Brasil 2014. Estuvo en la selección que eliminó a España, campeona del mundo, en Brasil. Y un año después protagonizó uno de los momentos más recordados de la historia reciente del fútbol chileno.
Minuto 81 del duelo ante Uruguay, Copa América 2015. Isla recibió, avanzó y sacó un remate que terminó derrotando a Fernando Muslera. Chile ganó 1-0 y avanzó a semifinales. Aquel gol terminó convertido en una de las imágenes de la primera Copa América conquistada por La Roja.
Un año después, volvió a celebrar. Chile derrotó nuevamente a Argentina, esta vez en Estados Unidos, y consiguió el bicampeonato continental. Isla estaba otra vez ahí.
La Generación Dorada tuvo delanteros que marcaron goles, mediocampistas que dominaron partidos y defensores que se hicieron indispensables. Isla perteneció a otra categoría, la de aquellos jugadores que permanecieron y que fue más que un jugador de banda
Estuvo desde los primeros años del ciclo Bielsa, atravesó el proceso de Sampaoli, vivió el bicampeonato con Pizzi y continuó siendo considerado durante los años posteriores, incluso cuando aquella generación comenzó a desintegrarse.
Su último partido con la selección había sido en septiembre de 2024, en las Eliminatorias para el Mundial 2026. Para entonces ya había pasado mucho tiempo desde sus mejores tardes, pero su nombre seguía apareciendo entre los futbolistas históricos de La Roja u porque no tenía un nombre de recambio, quizás, hasta el día de hoy.
El último capítulo fue en Colo-Colo
Su llegada al “Cacique” en 2024 significó también un regreso a Chile en una etapa avanzada de su carrera. Isla terminó celebrando el Campeonato Nacional y la Supercopa con Colo-Colo. Pero el segundo año fue completamente diferente y estuvo marcado por el complicado centenario del club.
Su último partido profesional terminó siendo aquella derrota ante Cobresal en noviembre de 2025. Después quedó libre y comenzó un período de entrenamiento individual mientras esperaba alguna propuesta que realmente lo motivara.
La propuesta adecuada nunca apareció. O quizás apareció, pero ya no era lo que Mauricio Isla buscaba.
El “Huaso” eligió cómo despedirse
Por eso su retiro tuvo una particularidad. No necesitó esperar una convocatoria de despedida, ni buscar un último club para sumar minutos. Tampoco quiso estirar artificialmente una carrera que ya había alcanzado prácticamente todos los escenarios que un futbolista chileno podía imaginar.
Se retiró siendo bicampeón de América, mundialista, campeón en Europa y Sudamérica y uno de los jugadores con más partidos en la historia de la Selección, y lo hizo desde las cálidas playas de Europa.
Y lo hizo recordando al niño que alguna vez viajaba en micro para entrenar y que terminó jugando en algunos de los estadios más importantes del fútbol mundial.
Mauricio Isla había comenzado su historia internacional un 7 de septiembre de 2007, y el 7 de septiembre de 2026, decidió terminarla. No fue simplemente el retiro de un lateral derecho. Fue el cierre de uno de los últimos capítulos de aquella generación que cambió para siempre la historia de la Selección Chilena.
Mauricio Isla ya no estaba en la cancha. Pero su historia, especialmente aquella camiseta número 4 y el gol ante Uruguay, había quedado para siempre en la memoria de La Roja.






