El diario de un fanático de los Patriots en Madrid
Nueve grados.
Miro la temperatura hoy lunes y pienso que este otoño madrileño empieza a tener modales de invierno. Es una de esas mañanas en las que cuesta sacar las manos de los bolsillos y apetece quedarse un rato más con algo caliente entre ellas.
Pero hoy el frío se lleva de otra manera, el frío de Nueva Inglaterra con su foliage único.
Los Patriots les ganaron a los Jets. Y no, eso nunca es una victoria cualquiera.
26-19. Tercera consecutiva. Balance de 4-2. Un lunes más para mirar la camiseta con orgullo, aunque esta vez también toque mirar el partido con una ceja levantada.
Porque estoy emocionado. Mucho.
Pero después de lo que vimos ayer, tampoco quiero confundir alegría con tranquilidad.
Ganarle a los Jets tiene otra temperatura
En la previa hablábamos de presión. Habíamos cambiado incluso el título: no era miedo, era esa sensación de saber que venía un rival capaz de complicarnos la tarde.
Los Jets llegaban de conseguir ocho sacks contra Cleveland. Nosotros veníamos de una fiesta ofensiva ante los Raiders. Sobre el papel, era una buena ocasión para comprobar si lo de los Patriots podía sostenerse cuando el partido dejara de parecer una celebración.
Y dejó de parecerlo.
El 17-3 del descanso invitaba a respirar, pero New York volvió a meterse en el encuentro. Lo que parecía encaminado terminó exigiendo atención hasta la última secuencia, incluida la recuperación de su intento de patada corta.
Ahí estaba yo otra vez: mirando el reloj, haciendo cuentas y recordándome que un partido no termina porque a uno le convenga que termine.
Contra los Jets, además, todo se siente un poco más.
No necesito que estén disputándonos el primer puesto para querer ganarles. Basta con ver esos colores al otro lado. Son el rival que te obliga a apretar los dientes incluso cuando el marcador sonríe.
Por eso esta victoria abriga. Pero también deja trabajo pendiente.
Maye no necesitó deslumbrar para responder
Después del partido contra los Raiders era fácil pedirle otra exhibición a Drake Maye.
La realidad nos dio otra cosa, y quizá también necesitábamos verla: un quarterback capaz de resolver una tarde menos limpia.
Maye terminó con 18 pases completos en 32 intentos, 235 yardas, tres touchdowns y ninguna intercepción. Fue su tercer partido consecutivo con al menos tres pases de anotación.
No fue perfecto. Él mismo lo reconoció:
“Fue desordenado, no fue limpio.”
—Drake Maye, en traducción al español.
Me gusta que lo diga. Porque disfrutar de su crecimiento no exige fingir que todos sus pases fueron buenos o que cada posesión salió como estaba dibujada.
Hubo momentos para mejorar la precisión, para afinar las protecciones y para encontrar más continuidad. Maye habló de pases altos a Douglas, bajos a A.J. Brown y ajustes de protección que debía hacer mejor.
Pero hubo algo que me dejó especialmente satisfecho: la paciencia.
Los Jets no repitieron sin más el guion de presión que habíamos imaginado. En ocasiones retrasaron a ocho defensores para cerrar los espacios de pase. Y Drake tuvo que quedarse en el bolsillo, mirar, esperar y resistir la tentación de salir corriendo antes de tiempo.
Su touchdown de 42 yardas a Romeo Doubs nació de una jugada así: tiempo, ojos hacia el fondo y un receptor que siguió trabajando.
A mí eso me ilusiona tanto como una escapada espectacular.
Porque también se crece aprendiendo a no precipitarse.
De ocho sacks a ninguno: los hombres que sostuvieron la tarde
Si en la previa dedicamos tantas líneas a quienes podían golpear a Maye, hoy hay que dedicarles unas cuantas a quienes lo protegieron.
Los Jets terminaron sin sacks.
Cero, después de los ocho de la semana anterior. Y los Patriots lo consiguieron pese a perder a tres integrantes de su línea ofensiva durante el partido. Eso no significa que Maye no recibiera presión, pero sí que el grupo evitó que aquella amenaza se convirtiera en capturas.
Caleb Lomu, Matt Pryor y Walter Rouse tuvieron que responder. Vrabel destacó precisamente eso:
“Pudimos correr con el balón. Pudimos proteger al quarterback.”
—Mike Vrabel, en traducción al español.
Ahí estuvo una parte enorme de la victoria.
Lomu disputó 59 snaps como tackle derecho y no permitió presiones, según el análisis oficial de los Patriots; se enfrentó a David Bailey en 16 ocasiones.
Pienso en todo lo que habíamos hablado de Bailey durante la semana. En sus tres sacks contra Cleveland. En la amenaza que representaba. Y después pienso en alguien entrando a cumplir su trabajo, sin necesidad de ser el nombre que aparezca más grande el lunes.
Maye sí se acordó de ellos. Dijo que estaban peleando con todo y que la ofensiva pasaba por su trabajo.
Desde Madrid, donde a veces nos quedamos siguiendo únicamente el viaje del balón, conviene recordarlo: antes de que un touchdown nos levante del sofá, alguien tiene que sostener el espacio para lanzarlo.
Andy: fallar, volver y seguir siendo necesario
Con Andy Borregales siempre hay una atención especial.
Cuando entra al campo, uno deja de mirar el partido de la misma manera. La jugada se reduce a unos segundos: el centro, la colocación, los pasos, el golpeo.
Y después viene el juicio inmediato.
Dentro o fuera.
Ayer falló el punto extra posterior al touchdown de Hunter Henry que dejó el marcador en 23-13. Más tarde convirtió un gol de campo de 27 yardas que puso el 26-16 con poco más de un minuto por jugar. Antes había acertado desde 32 yardas.
Así nos conto mi compatriota Venezolano; Andy Borregales en la visita de nuestro equipo de Meeting Deportivo a la zona Patriots VIP, es que lo dice muy claro, just andy been Andy…
No sé qué sintió Andy después del fallo pero mucha seguridad y tranquilidad, y aqui si se ve lo frio de como es el pateador Andy.
Pero sí sé lo que sentí yo: preocupación por ese punto y ganas de que tuviera otra oportunidad para responder y respondió.
La tuvo.
Y convirtió.
Eso no borra el error. Tampoco hay que borrar sus aciertos para hablar de él, solo ver lo bien que se ajusta a las circunstancias Andy Borregales.
Como aficionado, imagino que una de las exigencias más duras de ser pateador es tener que volver a ejecutar sin arrastrar la jugada anterior. Puedes pasar minutos en la banda, con el fallo todavía dando vueltas, y de pronto el equipo vuelve a necesitar exactamente lo mismo de ti: precisión.
Por eso me quedo con su respuesta observable, no con una historia inventada sobre su cabeza.
Falló una patada. Volvió a salir. Sumó puntos importantes.
Hay corrección pendiente, sí. Pero también hubo capacidad para seguir contribuyendo.
Ganamos; ahora, lo que no podemos esconder
Vrabel no salió a vender una actuación redonda.
“Tuvimos suerte de ganar, es probablemente por donde empezaría, pero estamos contentos de haber ganado.”
—Mike Vrabel, en traducción al español.
Después fue más allá: dijo que no sentía que el equipo hubiera mejorado respecto a las dos semanas anteriores y que averiguar por qué también era parte de su trabajo.
Es una frase incómoda después de tres victorias seguidas. Y precisamente por eso vale la pena escucharla.
Yo veo varios asuntos que no deberían quedarse debajo de la celebración:
- Cuidar mejor el balón. Maye no perdió posesiones, pero la ofensiva sí se hizo daño con errores, incluido un fumble de Douglas. El propio quarterback reconoció que no habían protegido bien el balón como unidad.
- Afinar las conexiones de pase. A.J. Brown admitió que no había jugado bien y asumió los pases que debía haber atrapado, sin utilizar su lesión anterior como excusa. Maye también reconoció su parte en la falta de precisión.
Y asi nos dijo A.J Brown a Meeting Deportivo lo bien que se siente la vuelta después de su lesión y cuáles fueron sus emociones!!!… A.J. Brown mas seguro imposible…
- Defender mejor los cierres. Christian Gonzalez señaló las series de dos minutos como un aspecto que debían corregir. No podemos permitir que una ventaja termine obligándonos a sobrevivir a cada última posesión.
Lo que se siente tener a Christian Gonzalez ahi en la secundaria es unico, sino escuchenlo como estuvo de vuelta en casa, asi le conto a nuestro equipo de Meeting Deportivo…
- Recuperar cuerpos y sostener la profundidad. La victoria dejó lesiones y una semana corta antes de visitar a Chicago el jueves. Lo que hicieron los suplentes merece aplausos; necesitar que lo repitan con tan poco descanso exige preparación.
Y, aun así, hubo respuestas defensivas que también cuentan: las dos detenciones en cuarto down y la intercepción de Charles Woods, la primera de su carrera y la primera que sufría Geno Smith esta temporada.
Ésa es mi lectura del domingo: un equipo que no controló todo, pero encontró varias maneras de no dejar escapar el partido.

Patriots Madrid Fans Club: mi nueva casa, aunque ayer faltara
Esta vez no pude estar en el Bar Mclarens en el 478 de la calle de López de Hoyos de Hortaleza Madrid con Patriots Madrid Club.
Y me dio pena.
Porque hay partidos que uno quiere celebrar en especial si es un Irish Pub style, rodeado de gente que entiende el grito antes de que tengas que explicarlo. Gente que sabe por qué ganarle a los Jets cambia el ánimo y por qué el siguiente extra point puede dejar una conversación a medias.
Para mí, Patriots Madrid Club empieza a significar eso: una nueva casa que he encontré en Instagram. Son un perfil dedicado y bien montado en formación escopeta para no fallar en el snap y pasarla muy a los New England Patriots, síguelos y hay que decirlo, son un club inscrito internacionalmente con los Patriots Club Fans desde el 2021, así que es especial AWESOME!!!
No estuve allí para disfrutar de la fiesta con los miembros del club esta tarde, pero sí tuve muy presente esa posibilidad de compartir lo que tantas veces vivimos por nuestra cuenta y miren la excelente imagen que nos dejaron ayer con esta racha alargada que ya tenemos ganando, aquí mis familiares en la foto de arriba jejeje que bien se la han pasado.
Madrid puede ser enorme y, al mismo tiempo, hacerse pequeña alrededor de una mesa, unas camisetas y una pantalla cuando es tú misma sangre de fanático.
Ya habrá ocasión de estar. De ponerles conversación a los nombres, de brindar por una victoria y de sufrir juntos cuando toque. Porque también vendrán domingos difíciles, y una casa se reconoce tanto en las celebraciones como en los días en que nadie tiene demasiadas ganas de mirar el marcador.
Se vienen nuevos tiempos. Y me hace ilusión que parte de ellos tenga ese punto de encuentro.
Chicago aparece antes de que termine la celebración
El calendario no concede demasiada sobremesa: el jueves toca Chicago. En el vestuario ya hablaban de recuperar, estudiar y preparar el siguiente encuentro casi inmediatamente después de vencer a los Jets.
Nosotros podemos guardar un poco más la sonrisa.
Ellos tienen que volver al trabajo.
Y quizá ése sea el equilibrio que quiero para este blog: vivirlo con el corazón, contarlo con los pies en el suelo.
No voy a pedir perdón por estar feliz. Les ganamos a los Jets, encadenamos tres victorias y vimos a Maye responder detrás de una línea que se sostuvo incluso cuando empezó a perder piezas.
Tampoco voy a decir que todo está resuelto.
Quiero menos errores. Quiero mejores cierres. Quiero que Andy siga sumando y que Drake mantenga esa paciencia. Quiero que quienes tengan que entrar estén tan preparados como los que respondieron ayer.
Afuera siguen los nueve grados.
Dentro queda ese pequeño calor que sólo entiende quien empieza un lunes recordando una victoria.
La camiseta quizá necesite una sudadera encima.
La ilusión, de momento, aguanta bien.






