En el corazón de una temporada 2025-26 que ha sido un guion de Hollywood escrito por un fanático blanco con resaca, el Real Madrid de Álvaro Arbeloa —el ex lateral que pasó de entrenar al Castilla a domar a los galácticos como si fueran potrillos rebeldes— llega a Lisboa como un elefante en una cristalería portuguesa.
Imagina la escena: tras la goleada 4-1 al Real Sociedad en el Bernabéu, donde Gonzalo García abrió el telón con un golazo en el minuto 5, Valverde firmó el segundo al 31′ y Vinicius Jr. se robó el show con dos penaltis que él mismo “invitó” al árbitro Hernández Maeso, el Madrid duerme líder de LaLiga con 60 puntos y una racha de ocho victorias seguidas. ¿Holgado triunfo? Claro, pero con ese toque de comedia negra: los penales de Vini, el primero por un roce que ni su peluquero habría pitado y el segundo donde el brasileño bailó la samba antes de que Aramburu lo tocara, dejando al VAR mudo como un pez.

Crónica Global lo bautizó como “Vinicius se inventa dos penaltis para arañar el liderato”, y las redes ardieron con memes de gimnasia artística, recordándonos que este año el Madrid ha sido un maestro en convertir polémicas en puntos. Pero vayamos al storytelling real, porque esta temporada ha sido una odisea digna de Homero con toques de telenovela.
Enero empezó con el terremoto: Arbeloa releva a un Ancelotti que se fue entre aplausos y bostezos, prometiendo un Madrid “de manual” que ha cumplido a medias. Líderes invictos en Liga, sí, pero en Champions una montaña rusa: goleadas épicas como el 6-1 al Mónaco, empates dignos contra el City que olían a revancha, y ese 4-2 en contra ante este mismo Benfica en fase de liga, donde Mourinho —¡el Special One vuelto a la vida en Portugal!— les dio una lección de bloque bajo y contras que dejó a Arbeloa mascullando excusas en rueda de prensa.
Mbappé, con 24 goles ya, ha sido el francotirador infalible, Vinicius el mago del desborde (aunque con su doctorado en caídas teatrales modo Nei), Bellingham el cerebro que roba y crea como si cobrara primas por balón recuperado pero muy por debajo de lo esperado y Courtois el santo laico con 5.75 paradas por partido. Han jugado 67 partidos con 142 goles a favor —récord de locura—, pero con dramas: lesiones de Militão y Rodrygo en el banquillo, rotaciones forzadas y un calendario que parece diseñado por un sádico.
¿El Madrid de este año? Un circo glorioso donde ganan bailando tango con el VAR, pero tropiezan en Europa recordándonos que “rey de la Champions” no es un título heredado, sino una corona que hay que sangrar. Ahora, el telón se abre en el Estadio da Luz el 17 de febrero, con la ida de playoffs de 16avos.
Benfica de Mourinho: un muro 4-2-3-1 con Trubin bajo palos, Otamendi (el veterano gruñón que sabe morder) y Antonio Silva atrás, Barreiro y Aursnes tapando medio, y flechas como Prestianni, Sudakov, Schjelderup alimentando a Pavlidis, el killer griego que huele sangre en contras. Pronósticos hablan de over 9.5 corners y un primer tiempo cerrado —empate al descanso, victoria blanca al final—, pero Arbeloa sabe que no puede repetir el pecado de enero: salidas de balón regaladas que Benfica castiga como lobos.

Aquí va el análisis táctico narrado como una batalla épica: el Madrid debe desplegar su 4-3-3 como un ejército invasor. Courtois inicia la salida limpia con pases cortos a Tchouaméni (38 recuperaciones medias, el perro de presa), quien dicta a Güler o Camavinga para activar el motor. Atrapar al Benfica en su trampa: ceder posesión fingida (Madrid al 56% en Champions, 88% precisión pase) para presionar alto tras pérdida y recuperar en zonas letales, lanzando a Vinicius y Mbappé por la zurda —donde generan el 72% de sus centros venenosos—.
Valverde como lateral derecho para solidez aérea (Madrid top en duelos defensivos), Rüdiger o Asencio conteniendo a Pavlidis en balones parados donde Otamendi brilla pero Benfica tiembla. En la segunda parte, verticalidad total: Bellingham rompiendo líneas, Mastantuono o Brahim desde banquillo para desatascar, y cero tonterías emocionales —nada de dramas en la Luz, donde el ambiente hierve como un caldero portugués.
Si Arbeloa impone el ritmo alto de su “Madrid reloaded” (75% victorias desde enero), con presión intensa y goles en ambos tiempos, la ventaja ida es suya y la vuelta en Bernabéu (25 de febrero) será un paseo. Pero si caen en la telaraña mourinhista —bloque bajo, contras rápidas y Otamendi ladrando—, será otro capítulo sarcástico en esta novela loca: el equipo que domina LaLiga pero coquetea con la eliminación en su fetiche Champions. Historia abierta, pero con guión blanco: porque este Madrid, querámoslo o no, siempre termina riendo último… o al menos, trolleando al mundo en el intento.[
Imágenes por. REUTERS






