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Lo que pasa en New England se queda en New England… salvo la alegría, que llegó hasta Madrid

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Gerardo Cordero

El domingo me senté frente a la pantalla con una ilusión bastante concreta: que lo de Buffalo no se quedara en un recuerdo bonito. Quería otra victoria. Quería terminar la noche sin tener que buscar consuelo en las jugadas que casi salieron. Quería que, por una vez, el sueño de la semana y el resultado del domingo se parecieran y se convirtiera en un Blitz constante…

Y vaya si se parecieron!

Patriots 45, Raiders 17. Segunda victoria consecutiva. Lo que habíamos pedido en la entrada anterior casi soñando —darle continuidad a la alegría— se hizo realidad tal cual como es de bueno un Pulpo a la Gallega en Madrid.

Durante la semana habíamos jugado con aquello de que Las Vegas tendría que esperar, que esta vez todo iba a suceder en Nueva Inglaterra. Ahora miro el marcador y pienso que sólo nos equivocamos en una cosa: una celebración así no podía quedarse allí.

Tenía que cruzar el Atlántico, tarea que está pendiente.

Esta vez, el primer grito llegó pronto

Ver a los Patriots desde Madrid tiene algo de ritual y algo de pequeña locura.

Uno está en su casa, a miles de kilómetros de Gillette, pero se acomoda frente a la pantalla como si su presencia pudiera ayudar. Se pone la camiseta. Mira el reloj. Repasa mentalmente lo que necesita el equipo. Y promete que esta vez verá el partido con tranquilidad, y alguien te grita “Joooderrr macho que hacéis!?”

La promesa suele durar hasta el primer snap y ahí se ve lo que hago y porque es así el ritual.

Contra los Raiders, el primer gran motivo para levantarse llegó enseguida: Maye encontró a DeMario Douglas para un touchdown de 35 yardas en la primera posesión de New England. Después, Rhamondre Stevenson añadió una anotación de cinco yardas por tierra. Dos series ofensivas, dos touchdowns, hasta yo quería acarrear un ovoide desde Tres Cantos donde estoy ahora.

Y empecé a sentir algo que llevaba tiempo esperando: no sólo esperanza, sino confianza aspecto necesario en la NFL.

Todavía quedaba muchísimo partido. Todavía podía pasar cualquier cosa. Pero los Patriots no estaban tanteando el terreno ni esperando a que alguien los rescatara. Estaban imponiendo su juego.

Desde el sofá, eso se nota. Se nota en cómo miras la siguiente posesión. En cómo dejas de encogerte ante cada tercer down. En cómo empiezas a disfrutar sin pedir disculpas por adelantado.

Drake Maye: el domingo en que todo pareció encajar

Voy a decirlo como lo sentí: éste fue el mejor Maye que he visto esta temporada.

No necesito convertirlo en el mejor partido de toda su carrera para explicar lo que me provocó. Me basta con lo que hizo contra los Raiders: completó 26 de 34 pases para 374 yardas, lanzó cuatro touchdowns, anotó otro por tierra y terminó sin pérdidas de balón.

Cinco touchdowns con su firma. Pero lo que más me gustó no fue sólo la cantidad.

Fue la sensación de control, algo que solo Brady me había hecho sentir, OJO no los comparó solo recuerdo esos tiempos de DINASTÍA PATRIOTS!!!.

A veces un quarterback produce una gran jugada y uno respira aliviado porque ha conseguido escapar de un problema. Esta vez, muchas de las grandes jugadas parecían la consecuencia de estar llevando el partido por donde él quería.

Antes del descanso encontró a Hunter Henry para un touchdown de 11 yardas que puso el 21-7. Al comienzo del tercer cuarto llegó el pase de 34 yardas a Kyle Williams para el 28-7. Después, Maye entró personalmente en la zona de anotación con una carrera de tres yardas. Y todavía tuvo tiempo de conectar de nuevo con Douglas para cerrar la cuenta de touchdowns.

Yo había pedido continuidad después de Buffalo.

Drake me dio una tarde entera de razones para creer.

Y no lo hizo solo: seis jugadores de los Patriots atraparon al menos tres pases. La ofensiva repartió el balón y encontró distintas respuestas, en lugar de depender de una única conexión salvadora.

Eso también emociona. Porque una estrella puede encender una tarde; un equipo que funciona te permite imaginar lo que viene después.

De la mano de Chism a un equipo que empieza a soltarse

La semana pasada nos quedamos mirando una mano de Chism, ahora todo es un Chisssmeee de verdad; es en equipo, son todo.

La de Efton Chism III, extendida para atrapar aquel balón en Buffalo que nos devolvió la ventaja y cambió el tono de nuestra semana, así coló en aquellos tiempos Ty Law cambiaba el ritmo de las mejores ofensivas y decía “Esto es nuestro!” así ha comenzado este momento gracias a quien asume el LIDERAZGO en cualquier domingo especial.

Esta vez se unieron más, la alegría tuvo más protagonistas.

Douglas, Henry, Williams, Stevenson, Maye. Nombres que aparecieron en el marcador y que fueron convirtiendo la ilusión en algo cada vez más tangible, más TEAMWORK!.

Para mí, ésa es la conexión entre ambos domingos. Buffalo nos devolvió la fe. Contra los Raiders, los Patriots nos dieron motivos para sostenerla en bloque de equipo.

No significa que todo esté arreglado. No significa que las dudas del comienzo de temporada hayan desaparecido por arte de magia. Significa que vimos una respuesta. Y luego otra.

Como aficionado, no pido que me prometan el futuro. Pido que me den razones para esperar el próximo partido con ganas.

Ayer me dieron unas cuantas.

En Madrid se grita “gooool”. En mi casa también se grita “touchdown”

Hay algo que me gusta especialmente de vivir esta pasión aquí es la mezcla de cultura y emociones, no es Crabmeat o Clam Chowder pero si es Pulpo, el mismo mar nos une.

Madrid sabe de fútbol. Sabe de tardes importantes, de camisetas que se heredan, de conversaciones que empiezan con una alineación y terminan hablando de la vida. Sabe lo que es esperar toda la semana por un partido y dejar que noventa minutos te cambien el humor.

Yo también encuentro todo eso en el fútbol americano.

La celebración tiene otro ritmo. En la NFL hay pausas, decisiones, una tensión que se acumula antes de cada jugada. Uno mira la distancia por recorrer, imagina el pase, teme la presión y espera y mientras te tomas una cerveza y metes la mano en el Pulpo a la Gallega, lo vieron!?…

Buenísimo como también no nos sobraron tentáculos para tantos acarreos y touchdown, una noche de pases completos al 100%… Vuanto le dan a mi Pulpo modo New England Patriots!?!?…

Pulpo a La Gallega modo Patriots… Priceless!

Entonces el balón llega a unas manos dentro de la zona de anotación y como Pulpos… Anotación!!!!

Y se acabaron las diferencias.

El grito sale igual.

No digo que un touchdown y un gol sean la misma cosa. Digo que la alegría que me provocan nace de un lugar parecido: del cariño a unos colores, de la espera, del sufrimiento compartido y de ese instante en que lo que deseabas ocurre de verdad.

Ayer, cada touchdown de los Patriots me hizo sentir menos lejos de Nueva Inglaterra, la carne del mar más cerca aún.

El mapa seguía diciendo una cosa. La emoción decía otra.

El sueño de una Madrid con más NFL

Por eso también ilusiona pensar que esta afición tendrá otra cita aquí, mucho más cerca de nuestra vida cotidiana.

El 8 de noviembre, el Bernabéu recibirá a los Cincinnati Bengals y a los Atlanta Falcons para el NFL Madrid Game. No serán mis Patriots, pero será otro partido oficial de la NFL en nuestra ciudad, y eso tiene un valor enorme para quienes llevamos tanto tiempo viviendo estos domingos a través de una pantalla.

Me emociona imaginar más camisetas por la calle. Más gente preguntando por qué hemos gritado. Más conversaciones sobre quarterbacks, touchdowns y equipos a los que seguimos aunque estén al otro lado del océano.

No quiero que el fútbol americano sustituya a nada.

Quiero que encuentre su sitio.

Que alguien pueda celebrar un gol el sábado y un touchdown el domingo. Que una tarde en el Bernabéu despierte una curiosidad que luego se convierta en costumbre. Que esta pasión deje de parecer una explicación larga y empiece a sentirse como otra manera de compartir el deporte.

Y sí, también tengo mi sueño particular: ver algún día a los Patriots jugar aquí. No como anuncio ni como certeza. Como lo que es: un deseo de aficionado.

Ganar así también cambia el lunes

Esta mañana el lunes tiene otro aspecto, además que es feriado en España el día de la Hispanidad, para otros el Día de la Raza en que llegó Colon a América y todo eso, para mí es el día después de que los Patriots abren su nueva racha y así lo celebraremos hoy.

El despertador sigue sonando. Hay obligaciones para algunos. La ciudad sigue con su ritmo y nadie va a detener el tráfico porque los Patriots hayan ganado, allá ellos.

Pero yo llevo conmigo el 45-17.

No porque crea que una victoria resuelve la temporada, sino porque recuerdo perfectamente cómo se siente un lunes después de perder. Y estos, los que llegan después de una actuación así, hay que disfrutarlos.

En Gillette, además, se celebró el 25.º aniversario del equipo que ganó el primer Super Bowl de la franquicia. Mientras New England recordaba el comienzo de su gran historia, Maye y sus compañeros nos regalararon una tarde para ilusionarnos con la que todavía está por escribir.

No voy a confundir esas dos historias. Ni voy a cargar a Drake con el peso de todas nuestras nostalgias.

Quiero disfrutar de la suya.

De un quarterback que ayer jugó con autoridad. De un equipo que enlazó dos victorias. De una afición que vuelve a mirar el calendario con ganas.

La próxima semana volveremos a empezar de cero. Habrá otro rival, otros nervios y otra promesa incumplida de ver el partido tranquilamente.

Pero hoy toca sonreír.

Lo que sucede en New England se queda en New England: las yardas, las jugadas, las marcas sobre el césped.

La alegría, no.

Ésa llegó hasta Madrid. Y todavía sigue aquí.

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