Inglaterra ha logrado avanzar a las semifinales de la Eurocopa tras una mediocre actuación en los cuartos de final contra Suiza. A pesar de la victoria en penaltis, la actuación del equipo dirigido por Gareth Southgate ha dejado mucho que desear a lo largo del torneo, representando hoy al supuesto mejor futbol del mundo en la Liga Premier. Los ingleses han mostrado una falta de cohesión y brillantez que ha puesto en duda su capacidad para competir al más alto nivel.
El partido contra Suiza fue una muestra clara de los problemas que ha enfrentado Inglaterra en esta Eurocopa. El encuentro, que terminó 1-1 antes de decidirse en los penaltis, estuvo marcado por la falta de creatividad y dinamismo en el ataque inglés. Alexander-Arnold, quien entró al campo exclusivamente para lanzar un penalti, se convirtió en el héroe al anotar el tiro decisivo. Sin embargo, esta táctica resalta la desesperación y la falta de un plan coherente por parte de Southgate.
Durante los 90 minutos reglamentarios, Inglaterra luchó por encontrar su ritmo. Jude Bellingham, considerado uno de los mejores talentos jóvenes del fútbol mundial, no ha podido cargar con el peso del equipo. Aunque mostró destellos de su calidad parecidos a los que logra en cada tarde del Santiago Bernabéu su casa blanca, Bellingham no ha recibido el apoyo necesario de sus compañeros ni de un esquema táctico que maximice su potencial dejándolo alejado de ese falso 9 o mediapunta que le propone en cancha Carletto. En el partido contra Suiza, su esfuerzo fue en vano, ya que el equipo careció de la coordinación y el espíritu necesarios para dominar a su oponente.
Los errores tácticos de Southgate han sido evidentes. Su insistencia en una estrategia conservadora ha limitado las capacidades ofensivas del equipo. La falta de agresividad y la dependencia excesiva en jugadas individuales han dejado a Inglaterra vulnerable. En el encuentro contra Suiza, este enfoque casi les cuesta la clasificación, ya que Suiza logró adelantarse en el minuto 75 gracias a un gol de Breel Émbolo.
El empate llegó gracias a Bukayo Saka, quien aprovechó un descuido defensivo para anotar y forzar la prórroga. Sin embargo, la falta de oportunidades claras y el juego predecible durante los tiempos extra subrayan las deficiencias del planteamiento táctico de Southgate. Declan Rice y Shaqiri tuvieron sus momentos, pero ninguno pudo romper la igualdad.

Finalmente, la tanda de penaltis fue un alivio temporal para los ingleses. Palmer, Bellingham, Saka y Toney aseguraron sus tiros, mientras que Alexander-Arnold completó la tarea con un golazo. Pero esta victoria no puede ocultar los problemas fundamentales del equipo.
La pregunta ahora es si Inglaterra puede corregir el rumbo antes de las semifinales. Con rivales más fuertes esperando, la falta de un juego convincente y los continuos errores tácticos podrían costarles caro. Bellingham y el resto del equipo necesitan más apoyo y una estrategia más audaz si quieren tener alguna esperanza de levantar el trofeo.
En resumen, aunque Inglaterra ha avanzado, lo ha hecho de manera que deja muchas dudas sobre su verdadera capacidad. Gareth Southgate debe revisar sus decisiones tácticas y encontrar la manera de aprovechar mejor el talento de jugadores como Bellingham. De lo contrario, su aventura