Hay derrotas que se digieren con una cerveza, un mensaje de “la semana que viene será otra cosa” y la tranquilidad de haber competido, pero que difícil puede ser desde tan lejos en Madrid.
Y luego está lo de Jacksonville.
El domingo empezó como empiezan todos los domingos de Patriots desde Madrid: camiseta lista, ilusión renovada y esa sensación casi infantil de que, después de lo vivido ante Pittsburgh, tal vez este equipo estaba empezando a encontrar su camino. En mi cabeza, la carretera nos llevaba desde Madrid hasta el EverBank Stadium. La imagen era bonita. El resultado, no tanto.
Porque el viaje terminó en un 35-6 que se sintió más largo que el Atlántico.
Los Jaguars no ganaron simplemente el partido: aprovecharon cada error, cada balón regalado y cada momento de desconexión de unos Patriots que se bajaron del encuentro demasiado pronto. Jacksonville se puso 14-3 al descanso, golpeó otra vez en el tercer cuarto y acabó celebrando una victoria que deja a New England con récord de 1-2.
El balón también se nos escapó
No voy a esconderme detrás de excusas, porque un fan de los Patriots tiene que mirar el partido completo, aunque duela.
Drake Maye terminó 14 de 25 para 199 yardas, sin touchdowns y con dos intercepciones. Además, sufrió dos fumbles, perdió uno y fue sustituido por Tommy DeVito en el último cuarto cuando el partido ya no tenía vuelta.
Lo más duro no es un pase incompleto. Eso ocurre. Lo duro es la sensación de que cada pérdida llegaba justo cuando necesitábamos respirar. Una intercepción en zona roja, la otra enviada directamente a Jarrian Jones, un balón que se escapó de las manos sin que nadie lo tocara y acabó alimentando a Jacksonville.
Maye es nuestro quarterback. Y por eso duele verlo así.
No sirve pedir que sea otra persona ni convertirlo en el culpable único de todo. Pero tampoco se puede maquillar lo evidente: lleva seis intercepciones y siete pérdidas totales en tres partidos, cuando el año pasado lanzó 31 pases de touchdown y sólo ocho intercepciones en toda la campaña.
En las redes, el ambiente fue exactamente el que se podía esperar después de un 35-6: frustración, bromas crueles, críticas a Maye y preocupación de una afición que no entiende cómo una ofensiva capaz de competir en otros momentos puede perder el rumbo de esta manera. También se hizo viral la primera intercepción de la carrera de Travis Hunter, quien leyó el lanzamiento de Maye en tercera y gol; la jugada fue una fotografía perfecta de una tarde para olvidar.
Jacksonville hizo lo que debía
Hay que darle crédito al rival.
Trevor Lawrence lanzó tres touchdowns. Parker Washington firmó una recepción de puntas de los dedos en la zona de anotación y los Jaguars, que venían de una de sus peores actuaciones ofensivas recientes, encontraron justo contra New England la tarde que necesitaban. Jacksonville ganó su sexto partido consecutivo de temporada regular en casa y elevó su marca a 2-1.
Los Patriots no consiguieron frenar el ritmo, ni proteger a su quarterback, ni generar una respuesta defensiva parecida a la que vimos contra Pittsburgh. El contraste fue brutal: hace una semana celebrábamos una defensa que sofocaba a Aaron Rodgers; esta vez vimos a una unidad vulnerable, superada y sin la energía necesaria para cambiar el curso del partido.
Y eso es lo que más pesa en el regreso simbólico a casa: no fue un partido decidido por una jugada dudosa ni por un detalle aislado. Jacksonville fue mejor en todo lo importante.
La vuelta a Madrid
Ayer, después del partido, imaginé de nuevo la carretera de nuestra historia. Pero ya no era una ruta luminosa desde Madrid a Florida; era la vuelta, larga y silenciosa, con el marcador 35-6 pegado al parabrisas.
En una tarde de otoño, el fútbol americano tiene esa capacidad extraña de cambiarte el ánimo. Empiezas creyendo. Preparas el plan. Miras la pantalla con los tuyos. Y, tres horas después, te quedas frente a ella repasando errores, pensando en el siguiente partido y preguntándote cuándo volverá a aparecer la versión de los Patriots que sí vimos ante Pittsburgh.
Ser fan no es sólo publicar cuando todo sale bien. También es escribir cuando hay que reconocer que fue una tarde horrible.
Aun así, no voy a bajar la camiseta al fondo del armario.
Ahora toca Buffalo
La NFL no ofrece tiempo para lamentarse. El próximo domingo 4 de octubre los Patriots visitarán a los Buffalo Bills, otro viaje divisional, otra carretera complicada y otra oportunidad de demostrar que este 1-2 no define la temporada.
Buffalo no es un rival para recuperar la autoestima con facilidad. Será un partido de máxima exigencia, de los que exponen cada debilidad. Pero quizá eso es exactamente lo que necesita New England: dejar de buscar alivio y encontrar una respuesta.
Desde Madrid, la historia continúa.
Hoy duele. Duele bastante.
Pero el próximo domingo volveré a mirar la pantalla, volveré a ponerme la camiseta y volveré a creer. No porque Jacksonville no haya dejado señales graves, sino porque ser de los Patriots significa no abandonar el viaje cuando la carretera se vuelve oscura.
El camino de regreso a casa empieza ahora.






